Pausa
julio 12, 2008 | Publicado por ChocolateBear* en 8:57 0 comentarios
Vereda
De derecha a izquierda, con una habilidad innata y eficiente, las amas de casa hacen sonar sus escobas amarillas sobre el pavimento, mientras el sol mañanero entibia levemente las pieles curtidas de sus rostros añosos, iluminando también cada fachada del pasaje 21 de mayo. Poco a poco las vecinas empujan las indeseables hojas cobrizas, haciéndolas volar pequeños tramos de rato en rato. Tras un breve momento, Isabel notó la amenazante presencia de su hacendosa rival, que llevaba más de la mitad del trabajo avanzado: la envidia la consumió.
- ¿que va a hacer de almuerzo vecina? - preguntó cínica.
- ni me diga, todavía tengo que ir a la feria... tengo para rato.
Un gesto de alivio se posicionó sobre su cara y apoyándose en la escoba continuó soberbia
- yo fui ayer con mi marido - y empinó la mirada al cielo perdiéndose por unos instantes en la inmensidad celeste.
Matilde no contestó y se concentró en terminar su labor de corretear hojas y papeles, y de formar montículos de tierra junto al flaco tronco del ciruelo. Isabel, sorprendida vió que perdía terreno, apurada comenzó a barrer lo mejor y mas rápido que podía; las hojas parecían pegadas al piso y su vecina finalizando ya asperjaba agua sobre el ahora desnudo cemento de la acera, sólo le quedaba una alternativa
- ¿Oiga señora Matilde, usted me podría regalar un tallito de esa planta, la del macetero de greda?
- ¡Claro!, déjeme ir por un cuchillo...
Metiendo la escoba entre las ramas del árbol Isabel terminó con su angustia.
junio 29, 2008 | Publicado por ChocolateBear* en 9:58 1 comentarios
Almuerzo.
-Te molesta si me siento aquí?- preguntó la muchacha. Ante esto él levanto levemente la mirada por un cortísimo instante para saber quien estaba del otro lado, se encogió de hombros y prosiguió con la tarea de desmenuzar el pescado en busca de espinas.
- Permiso, ah - acercó una silla, y tomó asiento, luego descolgó la pierna derecha sobre la izquierda y abrió cuidadosamente una botella de agua mineral, continuó:
- ¡Que calor que hace en estos días! - empinó la botella sobre su boca entreabierta, sorbió de ella muy despacio, como besando - ¿como te llamas? hace días que te veo por acá, no se ve gente nueva muy seguido, siempre es lo mismo, por eso te noté ¿trabajas aquí cerca?.
Él, sumido en su plato no exclamó nada, solo alzó otra vez la mirada para ver como los dedos inquietos de la chica golpeaban reiterada y rítmicamente la botella de plástico.
- Ay, que callado!, dicen que los callados son los peores, ja ja..- tras reír volvió a beber de la botella, luego la cerró con la tapita azul que había dejado cerca de la alcuza y el servilletero. Él, tras terminar, dejó el servicio cruzado sobre el blanco plato ovalado, tomó lo ultimo de su copa de vino. Respiró. Pareció determinado a hablarle a la impaciente joven que lo miraba fijamente, intrigada y atonita por su porte y talle. Se levantó, metió su mano al bolsillo, sacó un reloj, vio la hora y se marchó.
- ¿Señorita, le traigo la cuenta?
junio 28, 2008 | Publicado por ChocolateBear* en 14:15 1 comentarios
olscul*
El sábado llegué al trabajo a las 8am. como de costumbre, saludé a todo el mundo, fui a la cocina, me hago el café de rigor, me dirijo al escritorio y .. Sorpresa!! estaba ella, sip, ella misma, la de la foto, esa señorita de talle post moderno mirándome como: "hola soy nueva aqui, quieres tocarme?" Diablos! fueron varias cosas las que se me pasaron por la cabeza:"para que me dejan porquerías aquí!! ¬¬"
"calculadora o controlador midi?"
"funcionará?"
"mm ya filo, igual le da un estilo vieja escuela al escritorio..."
Rápidamente salí de la duda: Sip, si funciona. Cuando la encendí un extraño ruido me asustó, su impresora incorporada, la cual no noté hasta ese segundo, saludaba. Luego un número cero, de un color verde chillón apareció resplandeciente e inmóvil en su estrecha pantalla "negriverdosa" ansiosa de que la llenen de cifras y unos dedos juguetones golpeteen sobre sus teclas negras, grises y blancas. Debe ser un verdadero placer para la Panasonic.
Me gusta.. sobre todo su atractivo botón naranjo "CE".
junio 23, 2008 | Publicado por ChocolateBear* en 0:12 1 comentarios
in ear*
Tambaleante se desplazaba por el andèn, con ritmo pausado y un semblante casi soberbio; era el dueño de todas las miradas que pululaban en el lugar, miradas cansadas y lejanas, pero atentas a cada movimiento de aquel alto extraño de los fonos grandes y vacilantes pasos.
Era la primera vez que disfrutaba tanto esa cancion.
mayo 18, 2008 | Publicado por ChocolateBear* en 16:48 1 comentarios
Martes
Salì de la casa. Olvidè las llaves. Golpeé la puerta. Me las entregaron sin decir palabra. Tomé el autobus. Observo por la ventana. Bajo al metro. Me quedo en su mirada. Profundo, olvidado, confuso y temblando. Desciendo. Me siento. La observo como se aleja. Voltea, me mira y se acerca. Me besa. Me abraza. Me deja...
Un dia como cualquiera.
mayo 17, 2008 | Publicado por ChocolateBear* en 13:04 0 comentarios
Frio
Y así, sin más, emprendí la marcha. Sin ganas de nada, sin objetivo ni rumbo alguno, acompañado solo de los recuerdos que había logrado recolectar hasta aquel suceso.
Hacia frío aquella tarde; corría un viento muy gélido que circulaba por entre los edificios del lugar, a ratos se convertía en una brisa suave y jugaba por entremedio de mis dedos desnudos que sostenían el cigarrillo: echaba de menos mi chaqueta gris. Un largo tramo tuve que andar por ahí hasta encontrar un sucucho donde guarecerme y tomar un trago para deshacer en parte el nudo que crecía en mi garganta; lento y angustiante sentir que me envolvía, que me llevaba a cada instante recorrido aquel día, cada rincón de ese lugar testigo de lo que ahora me quitaría el sueño y me hiela las manos cada noche y cada mañana.
- Gastón!
- eh?
- soy yo, Renato, ¿no te acordàs de mi?, ¡el de Buenos Aires!
Sin mirarlo, respondí casi inexpresivo:
-Disculpa, pero no te conozco.
-Pero...
Caminé... no se cuanto tiempo deambulé por la ciudad en busca de un alivio que estaba lejos de mi. Realmente no quería estar ahí, deseaba tanto estar otra vez en casa. Tenia frío y la camisa que llevaba ya no me protegía. Mi interior estaba envuelto en algo que me pesaba, denso, amargo, agraz; el hambre empezaba a hacer de las suyas. Recurrir a alguien de confianza.
- ¿se encuentra el señor Cienfuegos?
- ¿de parte de quien?
- un amigo.
- su nombre caballero, por favor.
- Sepúlveda
- ¿Perdón?
- Sepúlveda, dígale que es Sepúlveda
- Un segundo...
Un segundo, que se transformó en minutos, luego de un momento me vi otra vez en la calle, no tenia nadie mas en mente, todos se habían ido no se a que lugar o quizás desaparecieron por una u otra razón ¿por miedo? ¿Por gusto? difícil era determinar algo así cuando ni siquiera se sabe que esta uno mismo, aplastado por las interrogantes, acorralado por la incertidumbre, entumido y solo. Tenia como quince años cuando conocí a Mariana, recién llegado a Concepción mi tía me puso en un colegio cerca de la casa, previo trato con mi madre. Sentía que todo era nuevo, a pesar de haber estado ahí el verano recién pasado. Ya no volvería a Santiago por un espacio que ni yo mismo imagine.
Era extraño verme de escolar circulando por esas calles que habían sido recorridas tantas veces al calor de enero. Llegado a mí destino no tardó en llamarme la atención la niña que venia en sentido opuesto: misma corbata azul.
-¡Hola Mari! - dijo mi primo- ¡como vai'! ¿Que tal las vacas?
-¡Hola hola!..- agitó la mano mientras se alejaba.
Solo eso dijo la muchacha y se perdió entre la multitud "pingüina" que se repartía entre las salas que daban al patio de tierra con sus puertas abiertas. La creciente polvareda que se levanto tras el tumulto dio paso a la aparición de un señor con delantal azul asperjando agua con un balde. Dos días pasaron hasta que volví a ver a “la Mari” (como solía decirle mi primo Emiliano): tranquila, suave, con el uniforme oscuro contrastando con el color rosado pálido de sus mejillas y de lo que se alcanzaba a ver de sus piernas entre el jumper y las calcetas azul marino. Ella reemplazó todos mis pensamientos infantiles, tomo el lugar de las “fantasías animadas” y las tardes enteras de “metrópolis”, me confundía, me aterraba. No se en que momento tomé el valor y la hice mi novia, solo sucedió, ya distaban años desde la primera vez que mis ojos se prendaron a ella, y estaba ahí, conmigo, nada podía desbaratar o al menos mellar lo que por lo menos en mi, hasta ese minuto habíamos construido.
- estoy aburrida de ti… me voy
- pero Mari
- de verdad estoy harta
- espera
- ¡Déjame!, ¡voy a gritar!
- me da lo mismo, tu eres mía, siempre lo has sido. Yo te amo.
- ¡Déjame te digo!
Dejé su brazo. Me adelanté y salí de la casa, decidí tomarlo como una situación anterior similar a esta. Volví muy tarde y con varios tragos en el cuerpo, no entré mucho mas allá, deslizarme por la casa en ese estado y acostarme junto a ella seria empeorar las cosas, opté por el sofá.
No supe hasta varias horas entrado el día siguiente que, a diferencia de otras veces, Mariana de verdad se había ido: la cama intacta y nada de su ropa, algunas cosas quedaron en el baño y la habitación. Entonces sentí un vacío inmenso y un frío que invadía cada rincón de mi cuerpo, haciéndome temblar, caí de rodillas al piso en vista del panorama desolador que me ofrecía la casa en ese instante, eterno.
Esperé tres días hasta saber algo de Mariana, un amigo me comentó que se encontró con ella en el aeropuerto el mismo día que se fue de casa, iba con alguien más, maletas, y muy rápido, según lo que me dijo Cienfuegos, con destino Buenos aires.
Pensé por largo rato y a la mañana siguiente de la conversación, me encontraba viendo el Obelisco. Día cuatro paseándome por la ciudad preguntando y ni señales de Mariana, no quería perderla y por lo mismo daría todo lo que estuviera a mi alcance para recuperarla o por lo menos preguntarle.
- ¡hola! ¿Algún problema amigo?
- Estoy bien gracias.
- dale loco, te invito una copa.
- No gracias, te dije que estoy bien solo.
- Soy Renato, un gusto.
Yo solo callaba y miraba las botellas puestas en el mostrador fijamente, como si la solución a todas las cosas estuviera ahí, en aquellos brillos y colores filtrados por el alcohol contenido en su interior, inmóvil, mientras la lámpara atravesaba con su luz cada centímetro cúbico del recipiente. Lo ignoraba, no era nadie, ningún valor tenía para mí aquel desconocido, yo estaba allí por solo una razón y nada más.
- un gusto
- Gastón.
- Sos chileno, ¿no?, ¿en que andas?
- Busco a alguien.
- ¿alguien en especial? puedo ayudarte si quieres, conozco bien la ciudad
Santa Fe y Callao. Nos juntamos ahí al medio día del miércoles, el tipo hablaba mucho, yo casi nada, incomoda situación por cierto, nunca fui bueno para hablar con extraños; ni siquiera hablaba mucho con la gente cercana a mi, pero que diablos, el sujeto conocía mucha gente y quizás podía ayudarme.
- Hola Mariana
- ¡Gastón! ¡Que haces aquí!
- te buscaba, necesito que hablemos, por favor.
- no tengo nada que hablar contigo.
- solo dame un momento.
- ¡Basta! Ya no te amo.
Y así, sin más, emprendí la marcha. Sin ganas de nada, sin objetivo ni rumbo alguno, acompañado solo de los recuerdos que había logrado recolectar hasta aquel suceso.
abril 19, 2008 | Publicado por ChocolateBear* en 13:20 0 comentarios